jueves, 17 de septiembre de 2020

EN TEKAL DE VENEGAS - LA CRUZ DEL CAMINO / José Iván Borges Castillo


¡Con esta señal venceremos! 

A escasos kilómetros de llegar a Tekal  de Venegas, sobre el antiguo camino que conduce a Izamal, se encuentra un lugar dedicado a la Santa Cruz desde tiempo muy antiguo. El punto donde se ubica, parte el camino a la finca Nuptunchén.

Los pueblos antiguos de Yucatán tuvieron, al parecer, colocadas en los cuatro puntos cardinales y otros en los inicios de camino o en los llamados cabos ósea las salidas, del pueblo, pequeños altares de piedra donde se levantaban Cruces de madera, o en ocasiones de piedra tallada. A decir de los mayores de la comunidad, estas Cruces levantadas a un lado del camino ejercían el poder divino de protección a la comunidad, no dejaban pasar enfermedades, epidemias, y detenían los vientos malos, que quisieran entrar al pueblo, especialmente durante la sequía, en el llamado tiempo del Yax Kín.

Ante esas Cruces iban los Yum Hmenes a ofrendar en santo Zaca cuando las enfermedades flagelaban al pueblo, ante ellas recitaban sus oraciones en lengua maya y elevaban sus jícaras con la sagrada bebida.

La especial veneración a la Cruz llegó con los conquistadores espirituales a esta tierra maya. En las misiones de evangelización los franciscanos erigían un altar a la Cruz y ante ella se bautizaron a los naturales, se bendijeron las uniones matrimoniales y dio comienzo el catecismo. En un Aviso dado por el Obispo de Yucatán Fray Francisco de Toral, el primero Obispo que llegó a tomar posesión, se manda: “Pónganse cruces a las entradas y salidas de los pueblos y patios y désele a entender a los indios cómo ha de reverenciar las cruces acordándose como en ella obró Cristo Nuestro Señor el misterio de nuestra redención…” esto alrededor del año de 1563.

En Tekal de Venegas parte cuatro caminos principales, el primero es el que va a Izamal, luego otro parte a Temax, luego va otro a Tepakan y uno más a las antiguas fincas de Tiholop y Uaymil, a excepción de la Santa Cruz del camino a Izamal, todas las demás se habían conservado, gracias a los campesinos y ciertos vecinos de Tekal que las restauraban cuando era necesario.

La Santa Cruz del camino a Izamal se encuentra en ese lugar desde mucho tiempo atrás, quizá su origen haya sido en los primeros siglos de la cristiandad de estas tierras, pero siendo de madera fue de manera constante repuesta, en cada vez que fuera necesario. Del siglo pasado sabemos que lucía cobijada bajo la sombra de dos grandes árboles de laurel. Y de la década de los años 40 se conserva una anécdota sobre ella. 

Cuentan que don Max Carrillo, un vecino de Tekal, corto de entendimiento, hacía las veces de mandadero a Izamal por encargos de los vecinos de este pueblo; evidentemente siempre pasaban caminando frente a la Santa Cruz cuando se conducía a la vecina ciudad, tuvo la osada idea de probar que tan poderosa era la Santa Cruz, ingenuo era el pobre hombre en su pensamiento, y diseño un plan. Entonces ocurrió que un día mientras se iba acercando al altar tomo unas piedras y comenzó a lazárselas a la Cruz diciendo vamos a ver qué tan poderoso eres,  los campesinos que pasaban lo reprendían: ¡Ay don XMax no está bien eso que haces! Hasta unas señoras que regresaban con sus tercios de leña, comenzaron a rogar que no le tirara piedras y hasta una de ellas lloro.

Y entre pedradas y pedradas la Cruz sucumbió ante las embestidas, de don Max Carrillo, que comenzó a reírse, diciendo ya vez, yo tengo más poder que tú. Apenas se alejó ese iconoclasta medio loco, corriendo vinieron las vecinas a levantar el madero sagrado y lo adornaron con flores silvestres que por esos caminos se da, cual acto de desagravio.

No había pasado ni una semana, cuando don Max Carrillo por extremas diligencias tenía que trasladarse a Izamal de nueva cuenta, y con la prisa tomo su zabucán y su Xuux y salió con paso veloz, cuando pasaba al frente de la Santa Cruz, con la cabeza llena de sus pendientes y sus quehaceres, la soga de sus alpargatas, se trabo con unos espinos del camino, y la limpia laja de piedra lo hizo tropezar cayendo frente a Cruz con un brazo roto, otros dicen que fue un pie, como pudo se levantó y en vez de ir a Izamal, mejor se regresó a Tekal, al dispensario médico que atendida en la casa ejidal el doctor Gaumer, que para su suerte se encontraba de visita en Tekal, ya que era miércoles.

Apenas se repuso de todo esto, con un gran ramo de flores y dos velas se vio partir de Tekal a don Max Carrillo tomando el camino a Izamal, los vecinos que lo encontraban en el camino se reían de él y le decía, ¡ojalá que hayas aprendido don Max que con lo divino no se juega! Sobra decir que como Tekal era un pueblito la osada acción de tirar piedras a la Santa Cruz, fue noticia que se propago rápidamente de aquellos días.

En las décadas que siguieron la cruz permaneció en su lugar, sin más intervenciones a su favor el tiempo y su deterioro se hizo presente, pronto comenzó a desgastarse la madera, luego se cayó el travesaño y todo se perdió irremediablemente, nadie hizo nada por reponerla y pasaron los años. Cerca de 15 años, que se había perdido completamente esta dedicación a la Santa Cruz, se volvió a restaurar en su lugar histórico.

En medio de esta pandemia que nos mantiene a todos aislados, y con nuestras iglesias cerradas, un reducido grupo de amigos se dieron la tarea de volverla a colocar en su altar, se mandó hacer una Cruz de madera por conocido carpintero de Tekal, y se pintó de color café. En la tarde del viernes de dolores, entre cuatro amigos, fuimos hasta ese lugar a volver a colocar la nueva Cruz, en un principio estaba la interrogante del lugar preciso donde se ubicaba, ya que aparentemente no queda rastro alguno, sin embargo se acordó colocar en una esquina de la albarrada, a la razón de tener una gran piedra con un pequeño orificio. A punta de cincel se comenzó a anchar el orificio, en consecuencia se movió la tierra y el polvo, y al echar el agua apareció una Cruz sobre la piedra, que ahí los antiguos tekaleños habían tallado, señalando desde siempre su lugar.

Se fijó bien parada la Cruz y con las múltiples piedras se formó una pequeña base donde se coloraron flores y en sus lados sembramos tres gajos de flor de mayo

Al día siguiente se le puso un sudario y una veladora.  Fue de esta manera como ya se encuentra de nuevo instalada en su lugar la Santa Cruz señalando el camino y guardando el bien a los viajeros. Cruz guardián del cabo sur del pueblo de Tekal.

Legado de una tarde de viernes de dolores.



Santa Librada entre partos, parteras y la milpa | José Iván Borges Castillo

 Santa Librada entre partos, parteras y la milpa / Devociones en Yucatán

José Iván Borges Castillo 


Entre las devociones de profundo arraigo en la llamada piedad popular de Yucatán tiene especial mención el efectuado en honor a Santa Librada, virgen y mártir del santoral católico.

La especial predilección de devociones a santos y santas tuvieron como factor principal la popularidad que estos tuvieron en la España del Siglo de Oro y de donde pasaron a las tierras de conquista, la gran cantidad de esas devociones fueron muy particulares, son por algunos testamentos donde se hacen mención de ellos y nunca tuvieron el patrocinio de alguna iglesia principal de un pueblo yucateco. Devociones practicadas en lo doméstico, que se extendieron cuanto más a novenas concurridas por vecinos en barrios, ranchos y aldeas.

Santa Librada virgen y mártir pertenece a la larga lista de los santos, herencia del siglo XII de la iglesia católica, martirizada juntamente con sus ocho hermanas, siendo ella la única que alcanzó la crucifixión, como don especial que vino a sumar a sus virtudes heroicas necesarias para ascender a los altares. Su culto se extendió pronto por los reinos de la Hispania romana cuando sus reliquias y su cuerpo fueron trasladados a la catedral de la ciudad de Sigüenza. De ahí parte su culto que había de extenderse a los reinos de la América Septentrional.

En el caso de Yucatán no hemos encontrado mención alguna de Santa Librada que nos haga deducir la existencia de un culto en los comienzos de la cristiandad o para los siglos posteriores de dominación española. Pero siguiendo con los parámetros establecidos de los santos y santas entre los mayas yucatecos, como plantea el doctor Lazaro Tuz Chi en su obra Aj Balam Yúumtsilo´ob: cosmovisión e identidad de los rituales de los mayas penisnulares, cuando refiere: «(los santos) consiguen regular la vida maya en lo espiritual; se les pide su intersección ante el ki´ichkelem Yuum para solucionar las dolencias, o para interceder ante Dios en las milpas.» En cuanto a la función de Santa Librada, ésta destaca por protectora de madres recién paridas y de las mujeres parteras, que son las que ayudan asistiendo con sabiduría y remedios a que el parto tenga feliz concierto.

En cuanto a esculturas de la Santa encontradas en Yucatán, sabemos que gozaba de un culto de especial. En Oxkutzcab, al sur del estado, se encontraba una escultura en crucifijo de esta Santa con clavos de oro; en Tixpéual, aún se venera otra escultura de poco más de 30 centímetros, en tanto que otros pueblos y municipios sus imágenes impresas son tan antiguas como la ejecución de sus novenarios. Debemos destacar el caso de Tekal de Venegas donde una «imagen en gradas» de la Santa cada año preside un novenario que data desde hace más de ocho décadas.

La relación devocional entre esta Santa y las mujeres de las comunidades yucatecas se ve precisado en alrededor del parto, si bien la Virgen María, la llamada X-Ki´ichpam Kolebil María, es la gran abogada y patrona a la que se le pide que el parto se realice sin complicación, tiene también especial mención Santa Librada en función también protectora. En su Relación de las cosas de Yucatán el franciscano Diego de Landa apunta: «En los partos acudían a las hechiceras, las cuales les hacían creer sus mentiras y les ponían debajo de la cama un ídolo de un demonio llamado Ixchel, que decían era la diosa que hacer criaturas».

Ixchel es entendida en sus funciones con la Virgen María, pero a diferencias de las mujeres españolas que tenían por intersección devocional a diferentes santos en especial a San Ramón no nato, las mujeres mayas hallaron en otra santa a una aliada más. La diosa Ixchel con sus múltiples advocaciones de joven, niña, adulta y anciana, ya ofrecía las variantes. Lo mismo que la Virgen María en sus advocaciones que se ampliaban con las santas católicas del extenso santoral. El calendario contenido en el Chilam Balam de Ixil nos ofrece una idea de las santas que nuestras abuelas veneraban con especial predilección, los nombres de Santa Úrsula, Santa Felicitas, Santa Inés, Santa Eulalia, Santa Cecilia, Santa Clara, Santa Ana, Santa Rosa, Santa Bárbara y otras más que como éstas son mencionadas en las oraciones de los Hmen, los sacerdotes mayas, cuando realizan las plegarias de petición de lluvias o para honrar y bendecir la tierra. Las mismas impresiones de novenas realizadas en Mérida son desde luego dedicadas a la honra de estas mismas santas y a las advocaciones de la Virgen Santísima.

En la región cercana a Celestún las parteras tenían por especial patrona a Santa Librada, y cuando estaban por asistir a un parto se mandaba encender una vela o veladora en el altar, para con esto pedir el auxilio de esta Santa crucificada. En el municipio de Tixpéual, en una de las casonas del centro histórico, se encuentra una preciosa escultura de la Santa que preside las devociones de las recién paridas, cuando éstas han concluido el parto y éste se ha realizado sin más complicaciones y con el niño recién nacido, van los familiares a prestar la imagen para llevarla a la casa de la recién parida para hacerle su novena en agradecimiento a los favores otorgados de llevar el parto a feliz término. De la cruz de la santa penden atados varios exvotos, llamados cuerpecitos o kexitos en mayas, ósea el cambio material que demuestra lo milagroso que se consigue bajo su intersección.

Es interesante la escultura de la Santa, hasta hoy el único que hayamos visto es el que se encuentra en Tixpéual, aunque sabemos que en otros municipios existen otras, no tenemos al momentos imágenes de éstas para analizar con detalle. El que se conserva en la casa particular en el municipio mencionado, se encuentra una mujer crucificada, vestida de una túnica de color azul abierta que deja descubierto su pecho,  una falta ceñida a la cintura, y de su cuello pende una cinta distintivo de color verde. La cabeza inclinada a la derecha, y su larga cabellera suelta deja descubierto el pabellón de sus orejas, hasta descansar en la parte alta de su espalda. La forma de su cabellera nos recuerda el uso de cómo lo traían las indias mayas, lacio y dividido al centro representando a un niña. Las flores en la cruz, en la ropa y hasta en el cuerpo de la Santa, nos hablan de la fecundidad del martirio, de la gracia suprema que encuentra renuevos, en la santidad que le propicio los clavos que la sostienen. En las diferentes esculturas de la Santa que se encuentran especialmente en la ciudad de Sigüenza, en España que es por donde paso sus novenas a Yucatán, el letrero de INRI no tiene lugar, sin embargo en el caso yucateco el letrero lo porta como lo portaría un cristo crucificado.

Entre las características de la religión prehispánica sobresale la dualidad divina, en que hombre y mujer sostienen las mismas cualidades y dones, porque teniendo un hombre en la cruz como Cristo, era evidente que también lo estuviera una mujer como Librada. Esto según los diferentes estudios del tema, en especial los desarrollados por la doctora Georgina Rosado y Rosado bajo el titulado: Genero y poder entre los mayas rebeldes de Yucatán: Tulum y la dualidad a través del tiempo.


En el caso de Tekal de Venegas se encuentra una imagen de la Santa, en un cuadro protegido por un cristal con sus gradas de madera y que recibe veneración especial en un solemne novenario que va del 26 de septiembre al 4 de octubre; comparte altar con San Francisco de Asís, pero cada quien tiene su novena por separado. Al parecer, la novena se agregó cuando fue adquirida la imagen, por ahí, a principios del siglo XX. La relación devocional con las mujeres se destaca en pedirle que se desarrolle sano el embarazo, también por la fecundidad de la tierra y las buenas cosechas, en esto destaca la intención de los dueños de la imagen por hacer sus novenas anuales.

La figura divina de protección en el trabajo del campesino aparece en la plegaria del Hanli Kóol que reza el Yum Hmen de Ichmul, don Feliciano Tapia, cuando pronuncia con reverencia: «A la Santísima Virgen Santa Librada, para que nos libre en este sagrado trabajo, de cualquier peligro, en esta parte de la mesa, Dios mi señor, Dios Hijo, Dios espíritu santo».

Aunque el doctor Tuz Chi traduce: «Xki´ichpam kolebil Librada» por Santísima Virgen, la frase de Xki´ichpam Kolebil quiere decir hermosa señora divina o celeste, que fue exclusivo para nombrar a la Virgen María, lo que se evidencia con esto, una actual modificación de emplear esta frase al referirse a las Santas, pero causa cierta confusión entre las regiones y pueblos mayas. Es probable que la perdida cada vez mayor de los sacerdotes mayas, han propiciado que la tradición oral que es como se transmiten estos rezos también se vayan modificando. Juan Pío Pérez en su diccionario refiere «Santa cosa buena: Cilich» en Tekal para para llamar a la Santa en lengua maya se dice: «Kilich Santa Librada» o «Xki´ichpam Lí» hermosa Librada.

La relación con la milpa se tiene en su momento de siembra, a Santa Librada se le pedirá la protección a las semillas recién sembradas para librarlas de plagas, y que éstas puedan germinar. La milpa es también una mujer embarazada, por eso al igual de las mujeres a ella se le encomienda a protección de la siembra.

Santa Librada es el nombre también que portan viejas tierras y ranchos que se encuentra en los municipios de Celestún, Chemax, Dzilam de Bravo y San Felipe, que figuran de esta forma en la documentación la primera mitad del siglo XX. En la novela La Hija del judío de Justo Sierra se menciona a «Santa Librada» por el nombre de un puerto en la península dedicado al contrabando.

En Yucatán, donde la imprenta llegaría en 1813 comenzaron a publicarse una gran cantidad de devocionario, trisagios, novenas, una cantidad considerable se resguardan en los archivos en especial en el centro de apoyo a la investigación histórica y literaria de Yucatán (CAIHLY), pero es la novena de Santa Librada una de las más populares y la que no se encuentra ejemplar alguno en los centros de investigación. El que nosotros poseemos, perteneció a mi abuela Dalia Lugo López, vecina y rezadora del pueblo de Tekal de Venegas. La dicha novena parece una reedición, de tantas que probablemente se hicieron en la entidad, que fue tomada de la primitiva novena impresa poco antes de 1747, en España, ya con los aumentos de los versos de arte menor que bajo el título de Coloquio se publican en la novena, junto a las décimas y los gozos que cantan y publican la vida de la mártir, y que no aparece en la novena original.


Una revisión a los gozos publicados en honor a la Santa, conservados en los archivos nos revela que los gozos contenidos en la novena yucateca son totalmente distintos. El párrafo que da coro a los versos dice:

Si a cuanto el devoto os pida,

Librada estáis obligada

Por tí del mal bien librada

Saldrá mi angustiosa vida.

La antigua devoción a las santas católicas, vinieron a llenar ese espacio necesario en la vida de las comunidades mayas, que convertida al catolicismo en forma oficial, buscaron por los medios posibles continuar con las prácticas religiosas necesarias para satisfacer momentos de su vida diaria. Así como Chaac compartió semejanzas iconográficas con San Isidro Labrador o con el apóstol Santiago, y la deidad Ixchel con los símbolos de la Virgen Santísima, las santas vinieron a ayudar a las mujeres y a los hombres, siendo Santa Librada por predilección la Santa de cabecera, la implorada para el desarrollo del embarazo, para el parto, y para agradecer su protección solicitada con el rezo de una novena. 

miércoles, 10 de junio de 2015

Poblaciones yucatecas con apellidos de sacerdotes católicos
José Iván Borges Castillo*
Al sacerdote Rafael May Barrera

Son varias las poblaciones yucatecas que llevan un apellido seguido a su nombre original. Escasamente tres poblaciones son famosas por tener apellido, éstas son: nuestra tierra, Tekal de Venegas, y los pueblos de Dzilam González y Dzilam Bravo. Algunas de ellas honran la memoria de sacerdotes católicos que tuvieron una actuación en la historia nacional o bien la historia local. La mayoría de las poblaciones yucatecas poseyeron un apellido, en la actualidad son totalmente desconocidos y se ha perdido en el olvido, quizá por indiferencia a quienes fueron dedicados, o porque abandonándolo en los años esto perdió rigor, o tal vez nunca lo tuvo, y pronto se dejó de señalar en actas y actos oficiales.
Todo esto de los apellidos de las poblaciones yucatecas tiene otro origen distinto al de solamente, por iniciativa de los pobladores, nombrar a su comunidad con el apellido de aquel o este prócer, héroe o distinguido ciudadano.
Es importante señalar que el adjudicar un apellido a la población no fue por imposición del Congreso local, sino fue en junta de los vecinos donde ellos eligieron por mayoría a quién honrar y con ello poner apellido al nombre de su comunidad. Hace falta un estudio más profundo sobre el tema.
En la segunda mitad del siglo XIX, el diputado D. Juan Pío Manzano presentó a la Legislatura Constitucional del Estado una iniciativa con la firme decisión de honrar la memoria de los héroes de la Nación o del Estado. Para lo cual cada pueblo debería tomar el nombre de uno de ellos para que sirviera de divisa o para aumentar la denominación o nombre del pueblo. Iniciativa que fue declarada el 15 de agosto de 1878.
Siete municipios y una comunidad, actualmente dentro de la periferia de la ciudad de Mérida, portan el apellido de eminentes sacerdotes católicos. Tres de ellos están fincados en el apellido de sacerdotes del clero yucateco:
Panabá de García, en honor del sacerdote José Antonio García, oriundo de ese lugar, pacificador en la Guerra de Castas...
Hunucmá de Caldera por el sacerdote Lorenzo Mateo Caldera, filántropo y altruista cura que realizó mejoras materiales en esa comunidad, a finales del siglo XVIII, por lo que su honda huella en la comunidad lo llevó a que sus antiguos parroquianos lo siguieran recordando aun casi un siglo después de su muerte.
Tekax de Velas y Rojas, en honor del sacerdote José Canuto Velas y Rojas, nato de esa comunidad, pacificador en la Guerra de Castas... (Este último fue cambiado para honrar a Alvaro Obregón...)
Cuatro comunidades honran al Padre Miguel Hidalgo y Costilla:
Tzucacab de Hidalgo
Bokobá de Hidalgo
Suma de Hidalgo
Chuburná de Hidalgo
Y una sola, Chaczinkín, actualmente su nomenclatura es Chacsinkíin de Morelos, por el sacerdote José María Morelos y Pavón, el Siervo de la Nación.
Son solamente algunas que han dejado cierto registro en documentos, es probable que otras comunidades hayan tenido algún apellido con relación al clero.
Haciendo memoria de la actuación de la Iglesia en la vida nacional, siempre fue una Iglesia implicada, como señalaron los Obispos mexicanos en su Carta Pastoral “Conmemorar nuestra Historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra patria” cuando escriben: “La Iglesia en México participó activamente en todos esos hechos de manera protagonista ya que los más notables iniciadores y actores fueron miembros del clero y el pueblo era mayormente católico”.

*Miembro del Centro de Investigaciones Franciscanas del Sureste

miércoles, 4 de marzo de 2015

LA CANDELARIA-Reseña breve de su devoción en Yucatán - José Iván Borges Castillo




“…“Llego la fiesta de la purificación de Nuestra Señora, que era el dos de febrero”
Fray Antonio de Ciudad Real, 1584

La advocación de la Virgen María llamada la Candelaria, fue propagada en estas tierras desde los tempranos tiempos de la dominación española. Verdad es que la fiesta de la “Presentación” del niño Jesús al templo, tras los cuarenta días de nacido, cobró impulso como fiesta a la Madre de Dios en las Islas Canarias, en el archipiélago español, poco antes del llamado descubrimiento de América. El siglo XVI se distingue por la propagación de esta devoción por distintas regiones españolas, al hacer unida, como parte de la liturgia de la bendición de velas, que se realiza en las iglesias recordando la purificación de María después de dar a luz. Ese mismo siglo fue de las conquistas: militar y espiritual, habiendo sido trasladada a la península yucateca, pues a principios del siglo XVII se tiene registro de los primeros lugares con esta devoción, comenzando en dos sitios específicos: Mérida con su Ermita mandada a construir por el canónigo Manuel Núñez Matos, quien donó su imagen a la misma, y en Tekal de Venegas, al ser depositada otra imagen por su encomendero Francisco de Lara y Bonifaz, todo esto antes de 1635. En ese mismo siglo aparece el culto en el pueblo de Uayma.
Debemos señalar con las particularidades de estos tres primeros centros devocionales de la Candelaria. El primero: la Ermita en Mérida tuvo su origen en la voluntad de Manuel Núñez Matos, por lo tanto del clero secular, pues era canónigo, quien fue originario de Santa Cruz Tenerife donde la Virgen de la Candelaria, según la leyenda, apareció.
El segundo: la de Tekal de Venegas, su imagen llegó a la comunidad por voluntad de Francisco de Lara Bonifaz, quien fue nombrado su encomendero, la familia de éste era originaria de Sevilla, pero habiendo pernoctado en la villa de Cartagena de Indias, conocieron la devoción a la Candelaria, llevada a esas tierras por los dominicos, quienes tras fundar un convento en 1603 la colocaron por patrona.
Al pasar la familia Lara Bonifaz a Yucatán trajeron consigo esa devoción y fue como la iniciaron en su recién nombrada encomienda, hoy el pueblo de Tekal de Venegas. Su peculiar aspecto: fue la única capilla de un pueblo de visita franciscano donde existía un culto a la Candelaria, en el siglo XVII.
De capital importancia es remarcar que Francisco de Lara donó la imagen que se encuentra en Tekal de Venegas y no en Valladolid. Porque en un libro publicado cuyo título es: La Virgen de Candelaria, de la autoría de Pedro Medarno Castillo A. copia la información de mi libro: Historia de una Reina, devoción a la Candelaria en Tekal de Venegas, y da a entender que la imagen donada por aquel encomendero es la que ahora Valladolid venera, equivocación total en la que infiere, y debe ser ratificada. La imagen que honra la piedad vallisoletana es una obra del siglo XVIII, es a todas luces evidente. La de Tekal es herencia de piedad de los Lara Bonifaz, se ha conservado con la mejor decencia posible y con la decidida actuación de los tekaleños que la han resguardado aun en momentos difíciles como las persecuciones religiosas del siglo XX.
El tercero es Uayma, según fray Diego López de Cogolludo, era famoso en la región de Oriente por ese culto, que reunía devotos de diferentes pueblos. Hasta finales del siglo XVIII mantenía ese culto candelario, pero ahora no existe rastro de él, ni la imagen se conservó. Este fue quizá el único convento franciscano, con una imagen de la Candelaria.
Siguiendo los parámetros establecidos dentro de la liturgia vigente en toda la etapa de la evangelización, el célebre Santo Concilio de Trento, marcaba en el mes de febrero por fiesta “La purificación de Nuestra Señora. A dos”. Las acciones de predicación y catecismo enfatizaron en la “Purificación de María”, hasta el Chilam Balam de Ixil lo registra de esa forma. Había obrado un sincretismo en la devoción. Entre las cuatro fiestas de precepto en honor a la Virgen María figura la Candelaria. El Obispo de Yucatán Fray Francisco de Toral en su primera carta Pastoral dado en 1562, la refiere.
En los escritos de Fray Antonio de Ciudad Real, sobre la visita de Fray Alonso Ponce en 1584 encontramos: “llegó la fiesta de la purificación de Nuestra Señora, que era el dos de febrero, en el cual predicó el Padre Ponce (Fray Alonso) en nuestro convento al pueblo, que acudió todo a oírle y hallarse en la procesión de Candelas…”
También los escritos de los franciscanos Fray Bernardo de Lizama y Fray Diego López de Cogolludo. El clérigo Francisco Cárdenas y Valencia, en su obra fechada en 1639, refiere “la ermita de mucha veneración intitulada Nuestra Señora de Candelaria” en la ciudad de Mérida, de parte del clero secular.
El siguiente siglo comienza a extenderse su culto a otros lugares.
Administrados por la Orden franciscana se registran: en Pixilá, hoy Cuauhtémoc comisaría de Izamal en el año de 1757, y la fundación del hospicio de Valladolid con esta advocación. Las dos por impulso de Fray Alejandro Gasquero. Y en Mérida comenzó un segundo culto a la Candelaria en la ermita de San Sebastián, efímera fue la dedicación a esta advocación original, siendo conocida popular como Nuestra Señora de San Sebastián.
Del clero secular figura la dedicación de un altar en el lejano Bacalar en ese mismo período, mediados del siglo XVIII. El pueblo de Tixhualahtún cambió de patrono de San Francisco a la Candelaria, poco antes de 1775. Y en el pueblo de Hool, en Campeche, a principios del siglo XIX.
En el siglo XIX, el culto a la Candelaria parece haberse extendido así a los pueblos de Tecoh, Yaxkukul, Bolón, Yaxcabá, Tibolón, Tepakán, Maní, Tixcochó, Xaya, Sucopo, entre otros.

*Miembros del Centro de Investigaciones Franciscanas del Sureste