miércoles, 10 de junio de 2015

Poblaciones yucatecas con apellidos de sacerdotes católicos
José Iván Borges Castillo*
Al sacerdote Rafael May Barrera

Son varias las poblaciones yucatecas que llevan un apellido seguido a su nombre original. Escasamente tres poblaciones son famosas por tener apellido, éstas son: nuestra tierra, Tekal de Venegas, y los pueblos de Dzilam González y Dzilam Bravo. Algunas de ellas honran la memoria de sacerdotes católicos que tuvieron una actuación en la historia nacional o bien la historia local. La mayoría de las poblaciones yucatecas poseyeron un apellido, en la actualidad son totalmente desconocidos y se ha perdido en el olvido, quizá por indiferencia a quienes fueron dedicados, o porque abandonándolo en los años esto perdió rigor, o tal vez nunca lo tuvo, y pronto se dejó de señalar en actas y actos oficiales.
Todo esto de los apellidos de las poblaciones yucatecas tiene otro origen distinto al de solamente, por iniciativa de los pobladores, nombrar a su comunidad con el apellido de aquel o este prócer, héroe o distinguido ciudadano.
Es importante señalar que el adjudicar un apellido a la población no fue por imposición del Congreso local, sino fue en junta de los vecinos donde ellos eligieron por mayoría a quién honrar y con ello poner apellido al nombre de su comunidad. Hace falta un estudio más profundo sobre el tema.
En la segunda mitad del siglo XIX, el diputado D. Juan Pío Manzano presentó a la Legislatura Constitucional del Estado una iniciativa con la firme decisión de honrar la memoria de los héroes de la Nación o del Estado. Para lo cual cada pueblo debería tomar el nombre de uno de ellos para que sirviera de divisa o para aumentar la denominación o nombre del pueblo. Iniciativa que fue declarada el 15 de agosto de 1878.
Siete municipios y una comunidad, actualmente dentro de la periferia de la ciudad de Mérida, portan el apellido de eminentes sacerdotes católicos. Tres de ellos están fincados en el apellido de sacerdotes del clero yucateco:
Panabá de García, en honor del sacerdote José Antonio García, oriundo de ese lugar, pacificador en la Guerra de Castas...
Hunucmá de Caldera por el sacerdote Lorenzo Mateo Caldera, filántropo y altruista cura que realizó mejoras materiales en esa comunidad, a finales del siglo XVIII, por lo que su honda huella en la comunidad lo llevó a que sus antiguos parroquianos lo siguieran recordando aun casi un siglo después de su muerte.
Tekax de Velas y Rojas, en honor del sacerdote José Canuto Velas y Rojas, nato de esa comunidad, pacificador en la Guerra de Castas... (Este último fue cambiado para honrar a Alvaro Obregón...)
Cuatro comunidades honran al Padre Miguel Hidalgo y Costilla:
Tzucacab de Hidalgo
Bokobá de Hidalgo
Suma de Hidalgo
Chuburná de Hidalgo
Y una sola, Chaczinkín, actualmente su nomenclatura es Chacsinkíin de Morelos, por el sacerdote José María Morelos y Pavón, el Siervo de la Nación.
Son solamente algunas que han dejado cierto registro en documentos, es probable que otras comunidades hayan tenido algún apellido con relación al clero.
Haciendo memoria de la actuación de la Iglesia en la vida nacional, siempre fue una Iglesia implicada, como señalaron los Obispos mexicanos en su Carta Pastoral “Conmemorar nuestra Historia desde la fe, para comprometernos hoy con nuestra patria” cuando escriben: “La Iglesia en México participó activamente en todos esos hechos de manera protagonista ya que los más notables iniciadores y actores fueron miembros del clero y el pueblo era mayormente católico”.

*Miembro del Centro de Investigaciones Franciscanas del Sureste

miércoles, 4 de marzo de 2015

LA CANDELARIA-Reseña breve de su devoción en Yucatán - José Iván Borges Castillo




“…“Llego la fiesta de la purificación de Nuestra Señora, que era el dos de febrero”
Fray Antonio de Ciudad Real, 1584

La advocación de la Virgen María llamada la Candelaria, fue propagada en estas tierras desde los tempranos tiempos de la dominación española. Verdad es que la fiesta de la “Presentación” del niño Jesús al templo, tras los cuarenta días de nacido, cobró impulso como fiesta a la Madre de Dios en las Islas Canarias, en el archipiélago español, poco antes del llamado descubrimiento de América. El siglo XVI se distingue por la propagación de esta devoción por distintas regiones españolas, al hacer unida, como parte de la liturgia de la bendición de velas, que se realiza en las iglesias recordando la purificación de María después de dar a luz. Ese mismo siglo fue de las conquistas: militar y espiritual, habiendo sido trasladada a la península yucateca, pues a principios del siglo XVII se tiene registro de los primeros lugares con esta devoción, comenzando en dos sitios específicos: Mérida con su Ermita mandada a construir por el canónigo Manuel Núñez Matos, quien donó su imagen a la misma, y en Tekal de Venegas, al ser depositada otra imagen por su encomendero Francisco de Lara y Bonifaz, todo esto antes de 1635. En ese mismo siglo aparece el culto en el pueblo de Uayma.
Debemos señalar con las particularidades de estos tres primeros centros devocionales de la Candelaria. El primero: la Ermita en Mérida tuvo su origen en la voluntad de Manuel Núñez Matos, por lo tanto del clero secular, pues era canónigo, quien fue originario de Santa Cruz Tenerife donde la Virgen de la Candelaria, según la leyenda, apareció.
El segundo: la de Tekal de Venegas, su imagen llegó a la comunidad por voluntad de Francisco de Lara Bonifaz, quien fue nombrado su encomendero, la familia de éste era originaria de Sevilla, pero habiendo pernoctado en la villa de Cartagena de Indias, conocieron la devoción a la Candelaria, llevada a esas tierras por los dominicos, quienes tras fundar un convento en 1603 la colocaron por patrona.
Al pasar la familia Lara Bonifaz a Yucatán trajeron consigo esa devoción y fue como la iniciaron en su recién nombrada encomienda, hoy el pueblo de Tekal de Venegas. Su peculiar aspecto: fue la única capilla de un pueblo de visita franciscano donde existía un culto a la Candelaria, en el siglo XVII.
De capital importancia es remarcar que Francisco de Lara donó la imagen que se encuentra en Tekal de Venegas y no en Valladolid. Porque en un libro publicado cuyo título es: La Virgen de Candelaria, de la autoría de Pedro Medarno Castillo A. copia la información de mi libro: Historia de una Reina, devoción a la Candelaria en Tekal de Venegas, y da a entender que la imagen donada por aquel encomendero es la que ahora Valladolid venera, equivocación total en la que infiere, y debe ser ratificada. La imagen que honra la piedad vallisoletana es una obra del siglo XVIII, es a todas luces evidente. La de Tekal es herencia de piedad de los Lara Bonifaz, se ha conservado con la mejor decencia posible y con la decidida actuación de los tekaleños que la han resguardado aun en momentos difíciles como las persecuciones religiosas del siglo XX.
El tercero es Uayma, según fray Diego López de Cogolludo, era famoso en la región de Oriente por ese culto, que reunía devotos de diferentes pueblos. Hasta finales del siglo XVIII mantenía ese culto candelario, pero ahora no existe rastro de él, ni la imagen se conservó. Este fue quizá el único convento franciscano, con una imagen de la Candelaria.
Siguiendo los parámetros establecidos dentro de la liturgia vigente en toda la etapa de la evangelización, el célebre Santo Concilio de Trento, marcaba en el mes de febrero por fiesta “La purificación de Nuestra Señora. A dos”. Las acciones de predicación y catecismo enfatizaron en la “Purificación de María”, hasta el Chilam Balam de Ixil lo registra de esa forma. Había obrado un sincretismo en la devoción. Entre las cuatro fiestas de precepto en honor a la Virgen María figura la Candelaria. El Obispo de Yucatán Fray Francisco de Toral en su primera carta Pastoral dado en 1562, la refiere.
En los escritos de Fray Antonio de Ciudad Real, sobre la visita de Fray Alonso Ponce en 1584 encontramos: “llegó la fiesta de la purificación de Nuestra Señora, que era el dos de febrero, en el cual predicó el Padre Ponce (Fray Alonso) en nuestro convento al pueblo, que acudió todo a oírle y hallarse en la procesión de Candelas…”
También los escritos de los franciscanos Fray Bernardo de Lizama y Fray Diego López de Cogolludo. El clérigo Francisco Cárdenas y Valencia, en su obra fechada en 1639, refiere “la ermita de mucha veneración intitulada Nuestra Señora de Candelaria” en la ciudad de Mérida, de parte del clero secular.
El siguiente siglo comienza a extenderse su culto a otros lugares.
Administrados por la Orden franciscana se registran: en Pixilá, hoy Cuauhtémoc comisaría de Izamal en el año de 1757, y la fundación del hospicio de Valladolid con esta advocación. Las dos por impulso de Fray Alejandro Gasquero. Y en Mérida comenzó un segundo culto a la Candelaria en la ermita de San Sebastián, efímera fue la dedicación a esta advocación original, siendo conocida popular como Nuestra Señora de San Sebastián.
Del clero secular figura la dedicación de un altar en el lejano Bacalar en ese mismo período, mediados del siglo XVIII. El pueblo de Tixhualahtún cambió de patrono de San Francisco a la Candelaria, poco antes de 1775. Y en el pueblo de Hool, en Campeche, a principios del siglo XIX.
En el siglo XIX, el culto a la Candelaria parece haberse extendido así a los pueblos de Tecoh, Yaxkukul, Bolón, Yaxcabá, Tibolón, Tepakán, Maní, Tixcochó, Xaya, Sucopo, entre otros.

*Miembros del Centro de Investigaciones Franciscanas del Sureste