¡Con esta señal venceremos!
A escasos kilómetros de llegar a
Tekal de Venegas, sobre el antiguo
camino que conduce a Izamal, se encuentra un lugar dedicado a la Santa Cruz
desde tiempo muy antiguo. El punto donde se ubica, parte el camino a la finca
Nuptunchén.
Los pueblos antiguos de Yucatán
tuvieron, al parecer, colocadas en los cuatro puntos cardinales y otros en los
inicios de camino o en los llamados cabos ósea las salidas, del pueblo,
pequeños altares de piedra donde se levantaban Cruces de madera, o en ocasiones
de piedra tallada. A decir de los mayores de la comunidad, estas Cruces
levantadas a un lado del camino ejercían el poder divino de protección a la
comunidad, no dejaban pasar enfermedades, epidemias, y detenían los vientos
malos, que quisieran entrar al pueblo, especialmente durante la sequía, en el
llamado tiempo del Yax Kín.
Ante esas Cruces iban los Yum Hmenes a
ofrendar en santo Zaca cuando las enfermedades flagelaban al pueblo, ante ellas
recitaban sus oraciones en lengua maya y elevaban sus jícaras con la sagrada
bebida.
La especial veneración a la Cruz llegó
con los conquistadores espirituales a esta tierra maya. En las misiones de
evangelización los franciscanos erigían un altar a la Cruz y ante ella se
bautizaron a los naturales, se bendijeron las uniones matrimoniales y dio
comienzo el catecismo. En un Aviso dado por el Obispo de Yucatán Fray Francisco
de Toral, el primero Obispo que llegó a tomar posesión, se manda: “Pónganse
cruces a las entradas y salidas de los pueblos y patios y désele a entender a
los indios cómo ha de reverenciar las cruces acordándose como en ella obró
Cristo Nuestro Señor el misterio de nuestra redención…” esto alrededor del año
de 1563.
En Tekal de Venegas parte cuatro
caminos principales, el primero es el que va a Izamal, luego otro parte a
Temax, luego va otro a Tepakan y uno más a las antiguas fincas de Tiholop y
Uaymil, a excepción de la Santa Cruz del camino a Izamal, todas las demás se
habían conservado, gracias a los campesinos y ciertos vecinos de Tekal que las
restauraban cuando era necesario.
La Santa Cruz del camino a Izamal se
encuentra en ese lugar desde mucho tiempo atrás, quizá su origen haya sido en
los primeros siglos de la cristiandad de estas tierras, pero siendo de madera
fue de manera constante repuesta, en cada vez que fuera necesario. Del siglo
pasado sabemos que lucía cobijada bajo la sombra de dos grandes árboles de
laurel. Y de la década de los años 40 se conserva una anécdota sobre ella.
Cuentan que don Max Carrillo, un vecino
de Tekal, corto de entendimiento, hacía las veces de mandadero a Izamal por
encargos de los vecinos de este pueblo; evidentemente siempre pasaban caminando
frente a la Santa Cruz cuando se conducía a la vecina ciudad, tuvo la osada
idea de probar que tan poderosa era la Santa Cruz, ingenuo era el pobre hombre en
su pensamiento, y diseño un plan. Entonces ocurrió que un día mientras se iba
acercando al altar tomo unas piedras y comenzó a lazárselas a la Cruz diciendo
vamos a ver qué tan poderoso eres, los
campesinos que pasaban lo reprendían: ¡Ay don XMax no está bien eso que haces!
Hasta unas señoras que regresaban con sus tercios de leña, comenzaron a rogar
que no le tirara piedras y hasta una de ellas lloro.
Y entre pedradas y pedradas la Cruz
sucumbió ante las embestidas, de don Max Carrillo, que comenzó a reírse,
diciendo ya vez, yo tengo más poder que tú. Apenas se alejó ese iconoclasta
medio loco, corriendo vinieron las vecinas a levantar el madero sagrado y lo
adornaron con flores silvestres que por esos caminos se da, cual acto de
desagravio.
No había pasado ni una semana, cuando
don Max Carrillo por extremas diligencias tenía que trasladarse a Izamal de
nueva cuenta, y con la prisa tomo su zabucán y su Xuux y salió con paso veloz,
cuando pasaba al frente de la Santa Cruz, con la cabeza llena de sus pendientes
y sus quehaceres, la soga de sus alpargatas, se trabo con unos espinos del
camino, y la limpia laja de piedra lo hizo tropezar cayendo frente a Cruz con
un brazo roto, otros dicen que fue un pie, como pudo se levantó y en vez de ir
a Izamal, mejor se regresó a Tekal, al dispensario médico que atendida en la
casa ejidal el doctor Gaumer, que para su suerte se encontraba de visita en
Tekal, ya que era miércoles.
Apenas se repuso de todo esto, con un
gran ramo de flores y dos velas se vio partir de Tekal a don Max Carrillo
tomando el camino a Izamal, los vecinos que lo encontraban en el camino se
reían de él y le decía, ¡ojalá que hayas aprendido don Max que con lo divino no
se juega! Sobra decir que como Tekal era un pueblito la osada acción de tirar
piedras a la Santa Cruz, fue noticia que se propago rápidamente de aquellos
días.
En las décadas que siguieron la cruz
permaneció en su lugar, sin más intervenciones a su favor el tiempo y su
deterioro se hizo presente, pronto comenzó a desgastarse la madera, luego se
cayó el travesaño y todo se perdió irremediablemente, nadie hizo nada por
reponerla y pasaron los años. Cerca de 15 años, que se había perdido
completamente esta dedicación a la Santa Cruz, se volvió a restaurar en su
lugar histórico.
En medio de esta pandemia que nos
mantiene a todos aislados, y con nuestras iglesias cerradas, un reducido grupo
de amigos se dieron la tarea de volverla a colocar en su altar, se mandó hacer
una Cruz de madera por conocido carpintero de Tekal, y se pintó de color café.
En la tarde del viernes de dolores, entre cuatro amigos, fuimos hasta ese lugar
a volver a colocar la nueva Cruz, en un principio estaba la interrogante del
lugar preciso donde se ubicaba, ya que aparentemente no queda rastro alguno,
sin embargo se acordó colocar en una esquina de la albarrada, a la razón de
tener una gran piedra con un pequeño orificio. A punta de cincel se comenzó a
anchar el orificio, en consecuencia se movió la tierra y el polvo, y al echar
el agua apareció una Cruz sobre la piedra, que ahí los antiguos tekaleños
habían tallado, señalando desde siempre su lugar.
Se fijó bien parada la Cruz y con las
múltiples piedras se formó una pequeña base donde se coloraron flores y en sus
lados sembramos tres gajos de flor de mayo
Al día siguiente se le puso un sudario y una
veladora. Fue de esta manera como ya se
encuentra de nuevo instalada en su lugar la Santa Cruz señalando el camino y
guardando el bien a los viajeros. Cruz guardián del cabo sur del pueblo de
Tekal.
Legado de una tarde de viernes de
dolores.




